El cuidado de la salud: un patrimonio colectivo 

Por : Ana María Londoño Rivera, Jefe de Cooperación y Donaciones, San Vicente Fundación.

Son múltiples las acepciones que encontramos de patrimonio, aunque en general coincidimos en que recibimos del pasado legados o herencias que tienen un gran valor y que merecen ser cuidados y preservados. Así que afirmar que el cuidado de la vida -tan antiguo como la vida misma- es un patrimonio, significa justamente que es un saber, una práctica, una vocación que crece y se multiplica con cada nuevo hallazgo y a la marcha del saber científico donde las preguntas y sus respectivas respuestas se valoran en las vidas salvadas.  

Puede entonces afirmarse que el patrimonio al lado del término colectivo es una redundancia. Pero es justamente la intención con la que se reflexiona aquí, porque si el patrimonio es de suyo colectivo, si le otorgamos valor porque es evidente el beneficio que representa para un grupo, ¿por qué el cuidado de la salud no aparece con frecuencia en la agenda de inversión social?  

Llevo varios meses con esta pregunta existencial, cuya respuesta no se apresura y hace parte de largas conversaciones con empresarios, con médicos, con personas de todos los sectores… Y bueno, sería injusto decir que no aparece, porque sí que existen empresas y personas que se comprometen con apoyar el cuidado de la salud de los colombianos.  

Más bien, vale la pena decir que aparece de forma esporádica, por voluntades -individuales o empresariales- que son específicas. Luego la pregunta entonces es por la posibilidad de que la salud tenga una presencia en el marco de la inversión social que se parezca más a un movimiento permanente, continuo, incluso un mecanismo formal de acompañamiento consistente en los hospitales para que se promueva su acción.  

Y es que basta con recorrer las agendas de inversión de las grandes empresas y fundaciones nacionales, donde sí que tenemos retos y compromisos ampliamente pertinentes que han sido abordados con valor y consistencia. Pero que, como nos lo dicen con frecuencia, no está tan enfocada en temas de salud, más bien de educación, emprendimiento, reducción de desigualdades, todos temas y acciones absolutamente necesarias para una sociedad como la nuestra.  

La reflexión aquí no tiene forma crítica, sino de pregunta genuina, ¿no valdrá la pena que siempre tengamos en la agenda un pequeño recurso destinado exclusivamente al fortalecimiento de las capacidades nacionales en salud?  

Y me refiero a esto porque mi ejercicio profesional es justamente movilizar la agenda empresarial hacia las necesidades de un hospital (como lo son tantos en el país), que se la juega diariamente por atender a todos quienes necesitan cuidados. No obstante, a la hora de renovaciones tecnológicas, innovaciones e investigaciones, debe relegar su ímpetu de progreso porque no siempre cuenta con los apoyos.  

Valga entonces este espacio para continuar la reflexión y sirva de invitación para que la agenda de inversión social del país adopte mecanismos que favorezcan el desarrollo de uno de los conocimientos más antiguos de la humanidad, que fortalezca las capacidades en las que sin duda Colombia ha sido pionero y representante y en donde merece las condiciones para continuar actualizando, innovando, investigando y entregando bienestar a la población.  

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