2020: un año atípico
Desde la llegada del COVID-19 a Colombia, muchos sectores se han puesto a prueba y algunos han salido adelante en medio del difícil escenario dictado por la pandemia y las medidas para contenerla. Tanto para el sector público como para el privado, la situación ha obligado a hacer una nueva lectura del entorno y así, a la fuerza, volver a replantear sus estrategias hacia adelante; muchas de ellas planteando futuros mejores y otros menos optimistas.
En Colombia, el efecto de la pandemia no tardó en reflejarse en los niveles de producción. Para el segundo trimestre de 2020, el crecimiento económico mostró la peor contracción desde el 2013, alcanzando una variación de -15.7%. Esto ha tenido también un efecto significativo indicadores importantes como el de desempleo y la confianza de todos los agentes en la economía. Por un lado, el desempleo alcanzó un 21.4% en mayo, mientras que indicadores como la confianza comercial, industrial y del consumidor llegaron a niveles mínimos de -30.8%, -35.8% y -41.3%, respectivamente, en el mes de abril. Para junio, aunque los resultados de estos tres indicadores continúan en terreno muy negativo, han mostrado síntomas de mejoría.
Más allá de la alarmante cifra, lo que éstas muestran es una gran debilidad en materia de fortalecimiento y seguridad empresarial reflejada sobre todo en los municipios más vulnerables del país. Algunos de los resultados del Observatorio de Inversión Privada, evidencian la brecha en oferta de oportunidades de formalidad laboral que, si bien se han ido reforzando gracias a varias iniciativas estatales, este año es muy posible que las personas que se hallaban en el plano formal se desplacen a realizar actividades menos costosas, las informales y con menores cargas impositivas.
Es importante prestar atención a este fenómeno teniendo en cuenta que Colombia se han dado constantes discusiones por aliviar las cargas tributarias del sector privado. Precisamente, son las cargas tributarias y parafiscales por las que hace empresa termina siendo costos en el País. En Colombia, las empresas no sobreviven más de 5 años, especialmente las micro y pequeñas empresas, que representan más del 90% del tejido empresarial nacional.
Teniendo en cuenta lo anterior, los municipios del Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial -PDET- no han sido ajenos a esta coyuntura. Entre los principales resultados del Observatorio, es posible ver la fragilidad del tejido empresarial en las zonas más afectadas por la violencia y la pobreza. Si bien estos territorios no presentan una afectación significativa en términos de contagios por Covid-19, sí se han visto mayormente afectados por las medidas de confinamiento y situaciones complejas de orden público. Los PDET, nuevamente dejan ver un ambiente particularmente hostil para la creación y para el crecimiento de negocios formales.
En la mayoría de las subregiones PDET, se ha evidenciado el comportamiento sectorial que ha tenido todo el país. Las mayores contracciones en la creación de empresa se dan en el sector comercio y turismo, que ha reducido gravemente su participación dentro del tejido empresarial. No obstante, la coyuntura ha permitido que otros sectores que históricamente han contado con menor participación, encuentren una oportunidad. Este es el caso de los sectores agropecuario, minero y financiero, que si bien no muestran grandes cambios resulta alentador encontrar variaciones positivas en su participación como sector privado en los PDET.
Por otro lado, el retiro de algunas empresas con proyectos de Obras por Impuestos muestra que, quienes desde afuera de estas regiones ha movilizado recursos hacia los PDET aplacen sus decisiones, generando un repliegue en la inversión privada. Esto, aunque momentáneo, puede llegar a tener un impacto importante en el corto y mediano plazo en las regiones, toda vez que podría conllevar a los gobiernos locales a tener nuevas presiones fiscales, y al gobierno nacional a pensar nuevas estrategias de participación público - privada, eficaces y de gran impacto. Estas decisiones aplazadas también son el reflejo de una visión moderada de crecimiento económico en el corto plazo, pues no se espera una recuperación sino hasta dentro de mínimo tres años.
Ahora, Colombia cumplirá 159 días de cuarentena el 31 de agosto, una de las cuarentenas más largas decretadas entre los países afectados, y el impacto de esta medida sobre la economía del país, particularmente sobre el sector privado en los municipios PDET, será difícil de superar. El retroceso en estas regiones deja ver que nuevamente tendrán lugar conversaciones sobre seguridad, orden público e informalidad, fenómenos que paulatinamente se habían venido superando. El reto en las regiones más afectadas por la violencia y la pobreza, nuevamente, recae en la implementación acelerada del Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial y en alianzas público-privada, de manera que lleguen recursos los territorios y se vuelvan a tener mejores proyecciones de desarrollo económico, social e institucional en las regiones.
En este atípico 2020 será crucial adquirir el compromiso de juntar esfuerzos entre todos los agentes del país para fomentar una cultura empresarial sana con mecanismos de apoyo que incentiven el consumo y la inversión, y de forma paralela, ir garantizando territorios democráticos, aptos para el desarrollo formal de la economía.