La función social de la empresa en los PDET
Crear empresa es una muestra de optimismo, es la evidencia de que hay una oportunidad que está siendo aprovechada y que tiene posibilidades de mantenerse en el tiempo. En el mejor de los casos, generando riqueza, empleo y consumo donde surgen los emprendimientos. Sin importar la escala, por pequeño que sea, una empresa puede cambiar la realidad de una familia, y en la medida en que crezca y genere empleos, comienza a transformar su entorno.
Es normal que no todos los emprendimientos prosperen, muchas de estas iniciativas parten de supuestos equivocados, son poco innovadoras o pretenden insertarse en mercados altamente complejos. Sin embargo, el 2020 en los PDET ha sido implacable con las mipymes (micro, pequeñas y mediana empresas), aquellas que componen alrededor del 90% del tejido empresarial en estas regiones.
Según Confecámaras, en 2019, las microempresas registraron una tasa de supervivencia del 34,4% para los cinco primeros años, en tanto las empresas que inician su actividad económica con un tamaño pequeño registran una tasa de 67,2%. En los municipios PDET, la realidad dista un poco de este promedio pues para 2019 la tasa de supervivencia de las empresas en estos municipios era de 58%. Sin embargo, durante el primer semestre de 2020 tanto la creación de empresas como la tasa de supervivencia cayeron en estos municipios de manera abrupta, hasta alcanzar el 28%.
La mortandad de empresas en las regiones, que además han sido las más afectadas por la violencia y la pobreza en Colombia, ha tenido un impacto social devastador. Detrás de cada empresa que dejó de funcionar hay una familia que perdió su capacidad de generar ingresos, que dejó de consumir y esta realidad hay que multiplicarla por el número de empleos que generaran las empresas que ya no existen.
Precisamente, al hablar de la función social de la empresa privada en los municipios PDET, no sólo se hace referencia a los $152.000 millones que, según el IISP, invierten grandes compañías por la vía de responsabilidad social, se habla de las mipyme. Se habla de la capacidad del tejido empresarial local de generar dinámicas que permitan a los pequeños negocios contratar, pagar salarios dignos, invertir en su crecimiento, consumir dentro de la región y pagar impuestos locales para que los gobierno municipales tengan recursos de inversión. En la medida en que esto ocurra, la empresa privada cumple con una función social en regiones donde el legado de la violencia, la pobreza y el abandono del Estado las mantuvo al margen de importantes procesos de desarrollo en Colombia durante las últimas décadas. Si bien los diferentes indicadores del Observatorio de Inversión Privada dejan ver que desde 2016 esta situación estaba cambiando, la fragilidad del sector privado en las zonas más afectadas por la violencia y la pobreza se expresó en 2020.
Para el Gobierno Nacional, la empresa privada, específicamente el tejido empresarial en las regiones PDET, es un vehículo de impacto y cambio social sin precedentes. Los empresarios han expresado en los Encuentros Regionales de Inversión Privada que más que subsidios, esperan que en las regiones se den condiciones habilitantes para hacer uso de los incentivos para emprender y sostener empresas. Esperan que se den las condiciones mínimas para poder hacer negocios. Si se crean empresas en los municipios PDET, si tienen acceso a capital semilla, a financiación de inversiones para crecer, y a mercados cercanos, la realidad en las regiones tiene posibilidades de impulsar crecimiento y cambio de manera endógena.
En manos del tejido empresarial en estas regiones está la clave para acelerar su transición, de la capacidad de las empresas de cumplir con su función social depende el cambio en la calidad de vida de emprendedores que han dejado de crear empresas, de empleos que se han dejado de brindar y de negocios que han dejado de generar mercados con proyecciones hacia el crecimiento en las regiones.